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La Centinela

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La mujer de bronce haciendo visera con la mano oteaba el horizonte, hierática, cuando de repente giró su cabeza y vio al sorprendido lector.
- ¿Te preguntaras como estaban las páginas en blanco antes y ahora están escritas? preguntó la escultura al perplejo y atónito leyente.
- Sí, logró éste balbucir.
- Es fácil de responder, contestó la mujer, se trata de una historia de ausencia y recuerdos, siéntate, te la contaré.
Siempre soñé con viajar a países exóticos y lejanos pero la pobreza de mi familia convertía mi sueño en una quimera, hasta que cierto día cuando paseaba por la Caleta, observé a un hombre con barbas que hablaba con las olas y las barquillas y saludaba a las mojarritas. Al verme me sonrió y me invitó a que le contase mis cuitas.
- Sirena no renuncies a tus sueños , yo te facilitaré un medio de transporte onírico y gratuito dijo, casi leyéndome el pensamiento.
Y así fue como a través de su biblioteca viaje en galeones con el bribón Cantueso, descubrí el elixir de las mil y una noche como Hortensia Romero, alcancé Tusitala y compartí las crónicas de Rosemont, las yugoslavas, las del Yemen y con el viento Sur sufrí el amor como Soledad Acosta y marché firme al destino cuan legionaria.
Pero un aciago día de Noviembre de 1998 me dijeron que mi Ulises chiclanero había soltado amarras del presente monótono y aburrido y había partido hacia el alba, prometiéndome que un día me mandaría un mensaje en una botella.
Y aquí estoy cribando la arena de mi memoria, meciéndome frente al oleaje del tiempo, capeando el temporal de la nostalgia y enjugando el salitre de mis adolescentes sueños entre susurros de caracolas.
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