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Soñando Hemingway

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El rinoceronte embestía cada vez más furioso el vehículo todoterreno amenazando con mi caída y la de mis porteadores, los cuales , con ojos desorbitados me acusaban silenciosamente de la inminente tragedia ya que yo me había empeñado en alcanzar las nieves del Kilimanjaro, pese a las advertencias de los nativos del lugar, habiendo dicho prácticamente adiós a las armas al decidir llevar sólo un viejo máuser que debido a los nervios había vaciado ya de toda munición.
Mi vida siempre había sido un tener y no tener , una fiesta, donde la sangre y la imprudencia iban cogidas de la mano, navegando el rio de dos corazones, como aquél viejo y el mar , que una vez que pescó su soñado pez , tras luchar y luchar le fue arrebatado un verano peligroso .
Volcado el vehículo y presintiendo mi inminente muerte me preguntaba por quién doblan las campanas.
Tras despertar , aquella pesadilla me confirmó, doblan por mí.
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