SUPERMARIO YA TIENE QUIÉN LE ESCRIBA.

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SUPERMARIO YA TIENE QUIEN LE ESCRIBA

PRÓLOGO
[La «voz en off»].
Introducción y calentamiento neuronal, más bien conocido como «mientras me llega la inspiración, porque no tengo ni idea de por dónde empezar».
Pues sí, mis queridos amiguitos/as, Supermario ya tiene quien le escriba y seré yo quien lo haga. Sacrificios que me pide la vida, qué le voy hacer, tendré que cumplir con los designios del destino. De entre muchos, peros muchísimos escritores/as, me eligieron a mí.
Será porque soy buena. Qué digo buena, una eminencia en mi estilo epistolar. Aunque también puede ser que me eligieran porque, como escribo bajo seudónimo y no me conoce nadie, nada se pierde. Y cuando digo nadie, quiero decir nadie. Ni en mi casa saben quién soy, que ya es triste de solemnidad que no reconozcan mi estilo literario. Tener que escuchar lo bien que se lo pasan leyendo mis relatos y las apuestas que se traen entre ellos, que si es Elvira lindo, ¿Almudena grandes? ¿Boris Izaguirre, Kent Follet? No os digo el coraje que me da cuando les oigo decir lo enamorados que están de tal o cual personaje. Y esto no acaba aquí.Ahora quieren hacer¿ una representación teatral?... Oh, Dios mío, me están entrando unas ganas horribles de  ¡¡¡in-de-pen-di-zar-me.!!!

PRIMERA PARTE
Capítulo 1
Soy Antoñita la Fantástica. Soy la «voz en off».
Ya sabéis, esa voz que se escucha en las pelis pero no se sabe quién es..., felizmente para vosotros. Porque ahora está tan de moda que todo el mundo hable a la cámara..., y, en vez de ser el león el protagonista del documental, es el presentador y sus «derivaciones metafísicas sin fundamento alguno».
Y si no me creéis intentad ver un episodio de Fran de la jungla hasta el final y salir ileso mentalmente.
Fran es ese hombre que se pasea, sí, sí, se pasea, por esas frondosas y pe-li-gro-sí-si-mas sel-vas, con unos zuecos, calcetines tobilleros, pantalón bañador y una camiseta de manga larga de color blanco nuclear, todo por supuestísimo made in china, y como único elemento de defensa un palo tipo peregrino de Santiago con el cual hará frente a todo tipo de animales salvajes, tigres, leones, rinocerontes y sus inseparables serpientes..., episodio que veo episodio que tortura a una santa serpiente para su mayor gloria y celebridad.
Yo creo que donde está realmente es en el jardín de su casa, y todas, absolutamente todas las bestias que aparecen en el documental, también son made en china.
¿Y su mochila? ¿Qué diablos llevará este tipo en esa mochila? Me tiene entre fascinada y sorprendida, ¿para qué la llevará? ¿Qué llevará dentro de ella, un botiquín de primeros auxilios que incluye un frasquito de antídoto universal para todo tipo de serpientes venenosas? Claro que a lo mejor lo único que lleva es una muda por si se mancha.
Pues sí, tenemos una pandemia de reporteros intrépidos y dicharacheros. A todo el mundo le ha dado por agarrar una cámara, colocarse delante y revelarnos sus vivencias, y a todos les ha entrado una absurda e imperiosa necesidad de comunicarlo todo, a todo el mundo, como si los demás viviésemos en un ostracismo absoluto.
Suerte que todos estos illuminati nos recuerdan que el sol sale por el este y se pone por el oeste y que lo hace cada día.
Tienen todos el síndrome de Cristóbal Colon, el gran descubridor. ¿Cómo creerán que los demás hemos llegado hasta aquí, por GPS?
A mí no me hace falta ponerme delante de la cámara para sacar a pasear mi vanidad, arrogancia y prepotencia.
Un poquito de discreción, por favor. Yo pertenezco a esa tribu de insensatos que van siempre de frente y con la verdad por delante. ¿Os he dicho que soy única en mi estilo epistolar? ¿Sí, ya os lo dicho? Bueno, nunca está de más recordaros las cosas y os lo voy a demostrar.
Os recuerdo que soy Antoñita la Fantástica y de casta le viene al galgo.
Tengo que hablar así un poco raro y enrevesado para hacerme la interesante y la original, y sobre todo la creativa, muy creativa. Porque, cuando se es creativo, los demás –vosotros,humildes mortales– lo tenéis que saber. A la gente creativa se nos reconoce con muchísima facilidad sobre todo por nuestra forma de vestir.
Solemos vestirnos con ropa incómoda, pero muy incómoda y ancha, muy ancha y a poder ser de colores desiguales y fosforitos. Pantalones pañaleros con tirantes, tirados sobre las caderas. Ser creativo es lo que tiene, no puedes ir vestido discretamente, eso queda para vosotros, simples uniformados de Zara y H&M.
Nosotros tenemos que llamar la atención, sí o sí.¡Ateeeeeencióoooon!, estamos aquí, ¡yujuuuu, aquí!
–¿Qué haces, Antoñita?
–¿Lola? ¡Qué susto me has dado! ¿Qué haces en mi relato?
–¿Cómo, que qué hago? Eso me lo tendrás que explicar tú a mí. ¿Qué haces gritando atención?
–Pues llamándola.
–Estás como una verdadera regadera, acaba de una vez con esta parrafada absurda y empieza con el relato de Supermario.
  A ver si me voy a arrepentir de habértelo encargado a ti.
–A sus órdenes, señora editora de Letras de Autor, un par de perfiles más y término conmigo y empiezo con ¡Supermario...! Esta es la introducción. Buuf, qué carácter gasta la señora editora. ¿Se ha ido? Eeeh, creo que sí.
Bueno, ¿por dónde iba? Ah, sí, por el uniforme caballeresco.
Los hombres vestimos con pantalones súper-mega-ajustados, tipo malla de ballet o pantalón torero, y con un suéter en plan minifalda...; para mear es un poco incómodo, nos lo tenemos que sujetar con la boca –me refiero al suéter–. Solemos complementarnos con unos zapatos de suela muy ancha y deportiva.Y por supuestísimo, todos, absolutamente todos, llevábamos barba de un palmo de larga y un palmo de ancha. Cuando llega el veranito, hacemos un sacrificio para no caer en la tentación de afeitarnos, porque calorcito da. Pero en compensación solemos ir con el pelo muy corto, tirando a cabeza melonera. También llevamos «tatus» por los brazos, piernas y cuello. Piercings en la nariz, en los pezones, orejas.
Yo creo que lo siguiente que haremos será colocarnos aritos en el cuello al igual que hacen las mujeres Kayan –mujeres jirafas– en Tailandia.
Después, está nuestra dieta mediterránea. Nosotros no somos animales carroñeros como vosotros. Nuestra dieta es muy diversa y versátil. Vosotros desayunáis un mísero zumo de naranja recién exprimido por la mañana, nosotros hacemos un breakfast que consta de un zumo veggie, suele ser un licuado de espinacas, berza y manzana, es muy depurativo y nosotros somos lo más en el tema de la limpieza, ya sea por fuera o por dentro.
Eso si los brunch de los «findes» son sagrados, al igual que los huevos benedictine y, en su defecto, hacemos un lunch, que vosotros llamáis almuerzo o desayuno tardío.
Sin lugar a dudas todos somos vegetarianos y luego derivamos en veganos, ovolactovegetarianos, crudivorismo, etc. Ya buscaréis en Google qué es qué, porque me aburre mucho contároslo.
Tenemos un teléfono lleno de personal shopper, vosotros le llamáis aplicaciones, que nos avisa de cuándo tenemos que ir a hacer la compra.Vosotros, simples currantes, no necesitáis ni esta aplicación ni ver la nevera vacía para saber que tenéis que ir a la compra; está en vuestro ADN, vuestras necesidades son básicas y elementales, pero a nosotros, que somos una «smart culinary society»1, esta visión, la de –ver la nevera vacía–, nos hiere en lo más profundo de nuestra «culinary intelligence»2, ¿comprendéis?
También nos recuerdan el cumpleaños de todos/as nuestros/as ex, porque, una vez separados, nuestros ex se han convertido en nuestros mejores amigos/as. Qué digo mejores amigos, intimísimos; a nuestros ex se lo contamos absolutamente todo, y cuando digo todo me refiero a todo, y a veces hasta les pedimos consejos maritales. ¿Somos o no somos guays?
¿Vais entendiendo por qué me han elegido a mí para que escriba Supermario? Efectivamente soy genial. A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Un plato es un plato, un vaso es un vaso, al pan, pan y al vino, vino; y yo soy simple y sencillamente genial. Punto.
1 sociedad culinaria inteligente.
2 inteligencia culinaria.

Capítulo 2
Y si somos padres o madres «primerizos», eso ya es sublime.
Vosotros criáis a vuestros hijos en plan zen, con una disciplina y un horario de comidas, baño y sueño para que así vuestro hijo crezca sano y feliz y poder compensar y organizar vuestra vida laboral y familiar para vivir en perfecta armonía
Pero nosotros somos los «new mothers and fathers», y eso hace que percibamos la vida de una forma diferente, más..., más..., ¿cómo te diría yo?, más etérea, más bio, más ecológica, en plan arcoíris y de kilómetro cero, más experimental, exacto, esa sería la palabra. <Ex-pe-ri-men-tal.>
Nuestros partos ya son diferentes a los vuestros. Nos dan unos masajes antes de parir, nos ponen la epidural, nos colocan un espejo para ver nacer a nuestros hijos, hay toda una serie de autoridades para cortar o ver cortar el cordón umbilical –en plan inauguración autovía del cantábrico–, y nos preguntan de qué color queremos que vistan a nuestro hijo/a, y lo más importante, «¿qué hacemos con el cordón umbilical y con la placenta?». Y si decidimos llevárnoslo a casa, ya tienen unas cajitas "ex profeso" para esta situación.
Así es como el niño pasa del útero materno a estar amarrado a su mamá o a su papá por una gran banda ancha, de ahí pasará a la silla de paseo y más tarde al gimnasio para fortalecer los músculos de las piernas, porque el niño no aterrizará en el suelo hasta casi los 5 años, no vaya a ser que pise el orín o la caca de nuestros majestuosos y elegantes perros, los galgos.
También los alimentamos de forma alternativa. No sabemos cuál es, pero seguro que es alternativa.
Eso sí, el niño/a tendrá siempre a su entera disposición la teta de su madre, y mamará cuanto le apetezca donde y cuando quiera. Yo creo que lo siguiente que haremos será alimentarlos igual que los pájaros alimentan a sus crías, regurgitando los alimentos. ¿Es o no es alimentación alternativa?
Vuestros hijos, como ya antes mencioné, crecen con unas normas y unas disciplinas para mayor éxito de la sociedad y prosperidad vuestra y suya.
Los nuestros los dejamos crecer asilvestrados, que vayan descubriendo y experimentando la sociedad en la que viven sin límite alguno, si acaso ya llamaremos a «Supernanny» o, en su defecto, a «Hermano mayor», y que ambos nos vengan a meter a todos en cintura y de paso a darnos unas lecciones de urbanidad, sentido común y caída de cajón, que nunca es tarde para aprender.

Capítulo 3
Pues sí, mis queridos niños y niñas, pertenezco a «the new urban people», la nueva sociedad urbana conocida como hípster; tenemos nuestro centro de peregrinación es el Silicon Valley y queremos ser el Pokemon Go de las creencias e iglesias del mundo.
Y para poder asimilar toda esta serie de neocambios vitales que derrochan creatividad a raudales practicamos el yoga, el Kundalini Tantra Yoga para ser exactos.
En resumen, y para que lo entendáis, formamos parte de la sociedad media alta ilustrada. Adoramos el pensamiento independiente y alternativo.
Somos grandes conocedores de la política y movimientos sociales y también somos muy comunicativos, a la mínima oportunidad os vamos a recordar lo mucho que sabemos sobre cualquier tema que se ponga encima de la mesa. Valoramos muchísimo la creatividad, el ingenio, sobre todas las cosas mundanas. Somos, en fin, unos sarcásticos con profesionales liberales.
Vosotros soy unos miserables autónomos, y no os lo digo en plan peyorativo, sino todo lo contrario. Vosotros os esforzáis
cada día más para dar un servicio que rozará la excelencia, trabajáis más horas que un reloj. Os levantáis a las 4, 5 o 6 de la mañana, llegáis a casa como muy pronto a las doce de la noche y ¿para qué?, para nada. Decidme, ¿quién reconoce vuestro esfuerzo? ¿Cuántos premios tenéis en vuestras casas, incluido el váter? Ya os lo digo yo: nin-gu-no.
Fijaos en nosotros, que tenemos profesiones liberales. Cogemos la caja de deposiciones de nuestro gato –persa, eso sí–, la dejamos secar al sol. Y dos meses después se exhibe en el MACBA o el MOMA bajo el subtítulo «Jardín escatológico» o <<mierda de ideas.>>.Y no veas cómo se nos queda el cuerpo cuando vemos las inmensas colas que hay para verlo, los flashes de las cámaras, la cantidad de entrevistas que damos para explicar nuestra «creación». Lo petamos, sin dar un palo al agua y además no nos queda sitio, ni en el váter, para tanto premio otorgado.
Trabajad, trabajad y pagad impuestos, santos y mártires autónomos, que ya lo recaudaremos nosotros en generosos y caudalosos premios –eso sí, una vez que lo recibimos nos quejaremos de que encima tenemos que pagar impuestos, eso si somos los primeros en manifestarnos en contra de la corrupción–. Postureo forever.¿La UDEF, qué es eso? ¿ Un museo alternativo? ¿Un nuevo premio?
 "" UDEF..Unidad de Delitos Fiscales.""

Capítulo 4
-Hola, holita, Antoñita; aquí, baja, baja a la tierra, Antoñita.
–Pero, Lola, ¿otra vez tú? ¿Y ahora qué?
–Ya de-ja-de-ha-blar-de-ti. Recuerda que soy tu editora y te pago para que escribas Supermario.
–Bueno, bueno, lo de pagar...
–Diez folios, Antoñita, diez folios escribiendo sobre ti, sobre tu tribu y tus desvaríos.
  Céntrate en Supermario. ¡¡¡Su-per-ma-ri-o!!!
–Bueno, tampoco exageres, solo estaba calentado antes de saltar al terreno de juego, los genios lo solemos hacer, fíjate en Messi, Nadal...
–Supermarioooooo, Antoñita. Supermario.
–Lola, que es un monigote de la play..., bueno, vale, ya empiezo.
El caso es que ahora me he quedado en blanco.Yo bajo presión no funciono.
–Vete ya, Lola, que ya escribo, por el amor de Dios, que alguien se la lleve de aquí. Ucrania, Lituania..., ¿cómo diablos se llama la correctora? Tiene nombre de antigua república rusa, o es una región..., ah, sí, Georgia.
Georgiaaaa, por San Dimitir, llévate a Lola de aquí. Spassibo.
–Te vigilaré.
Me vigilará, me vigilará –pero esta mujer ¿qué se cree, que esto es un copia y pega...?
–Aggghhhhh, pero ¿qué haces? Suéltame el cuello y no me agites tanto la cabeza que no es una cocteleraaaaa. No me mires así, Lola, que parece que estés poseída por el espíritu de Chucky, el muñeco diabólico.
–Escribes a la de una.
–Lola, creo que tengo una lesión cervical.
–A la de dos.
–Me has intentado ahogar y me amenazas, hasta aquí podíamos haber llegado, Lola, creo...
–¿Y el verdadero nombre de Antoñita la Fantástica essss?
–¿Qué? No lo harás.
–¿Esss? Mii...
–Vale, me rindo a tus encantos disuasorios, palabrita de narradora que nada ni nadie me apartará de aquí hasta que termine el relato que lleva por título...
–¿Te dije que estabas como una regadera?
–Sí.
–Pues me he quedado corta.

SEGUNDA PARTE
Capítuloooo, ¿en qué capítulo voy? Es que así no se puede trabajar.
Capítulo 25 (por decir algo)
Mi querido Supermario, M.ª de las Nieves, Ainhoa, señorita Mary Carmen, Clara-clarita va por vosotras...
Por esas eternas y cálidas tardes de extraescolares.
Por todos esos tecitos fríos y calientes compartidos y sobre todo por la ensaladilla rusa de Clara, que quedará para siempre en el recuerdo de la nube de valencia, antes de que la gota fría o la ciclogénesis se la lleve para siempre.
Os quiere.

Capítulo 26
M.ª de las Nieves Perpetuas del Kilimanjaro y de los ochomiles es la flamante esposa de Supermario.
¿Quién se iba a imaginar que con este nombre y con ese linaje familiar que la acreditaban, el de pertenecer a una ancestral saga de escaladores, alpinistas, de los 14 ochomiles, en vez de seguir la tradición familiar, alpinista-escaladora, M.ª de las Nieves quisiera ser investigadora de laboratorio? Pero ¿para qué sirve una investigadora de laboratorio? ¿Ahora viviría en una jaulita con una mininoria, cual ratoncito hámster?
Esta noticia cayó en su familia como si fuese un alud de nieve y entre sus amigos y conocidos como si de una gran avalancha se tratase; todos quedaron profundamente consternados y casi se asfixian del corte respiratorio que les causó la noticia.
Familiares insignes como Edurne Pasaban, la primera mujer en lograr escalar los 14 ochomiles en menos de nueve años.
También está su hermano pequeño, Kilian Jornet, que es un genio de la montaña, que subió al Everest sin cuerdas fijas ni oxígeno y solo tardó 38 horas en subir y bajar la montaña, y estamos hablando de la más alta del mundo –8.848 metros–.
Normalmente se tardan seis días en coronarla, pues ya ves tú, al niño encima le sobró tiempo, y ¿qué hizo?, pues volver a ascenderla y así se convirtió en la novena persona que hace 6 ochomiles en tres semanas.
Para fundamentar su descarte de no querer ser escaladora y después de todo tipo de alegaciones familiares, M.ª de las Nieves les dijo que los sherpas ya lo hacían desde tiempos irrecordables y que concretamente Pemba Dorje lo hacía cada vez que le pagaban, sin oxígeno y con una rebequita para no resfriarse, si no su mujer no le dejaba acompañar al hombre blanco a subir la montañita. Y esta era su lógica.
Qué ganas de pasar frío, pero frío de castañearte los dientes como si fuesen los tambores de Calanda, frío de caerte los deditos de los pies por congelación, de que un alud te enterrase vivito y coleando. Y además, ¿sin váter? Ya me diréis qué fundamento tiene esta profesión, para qué tanto sufrir, ¿para escalar una montaña? Pues si tanta gente quiere subir y bajar de la dichosa montañita, que instalen un teleférico como el de Montserrat, pero, eso sí, este que lleve calefacción y cafetería de serie para ir degustando un chocolatito con churros mientras vamos ascendiendo hasta la cima para poder coronarla. Y luego ¿qué, la coronaremos en plan reina de Inglaterra o en plan Burger King, happy meal incluido?
Con lo fácil que es ir en tren a Andorra y lo bonito que es ir admirando el paisaje a través de la ventanilla.
Allí puedes encontrar lo mismo que hay en el Everest, incluso algún detallito más, aparte del frío y de la nieve, también hay pistas para esquiar, y bancos, unos sirven para sentarse y otros como hucha para guardar nuestros ahorrillos.
Pero Andorra tiene una cosita que no tiene el Everest, por muy coronada que sea su cima. Andorra tiene ¡una tienda de souvenirs! Que por lo menos te traes un imán para la neverita.
Haber, ilústrame, ¿que souvenir te traes tú del Everest? Ah, sí, perdona mi ignorancia, la «sensación» de haber conseguido un objetivo, de haber superado un reto personal y la cara cuarteada para toda la vida por el frío congelador que has pasado. Ya no tienes a arrugas en ella, no, ahora tienes surcos en los cuales se pueden plantar lechugas iceberg cual jardín vertical.
Eso no hay lifting que lo arregle, coleguita.Además, en Andorra, puedes subir con tu familia al Comapedrosa, que tiene 2.266 metros. Qué mejor que compartir tus éxitos y tus alegrías con tu familia, y no con un sherpa que no conoces de nada, que se ha ido riendo de ti todo el camino, que el tipo sube al Everest como quien sale a dar un lindo paseíto invernal por el bosque. Pero ¿tú te has visto?, con ese traje edredón y tu botella de oxígeno pareces un híbrido entre astronauta y buzo, que os cruzáis con el Yeti y adivina quién sale corriendo creyendo haber visto al «Abominable Hombre de las Nieves».
Y a él, y me refiero al sherpa–escucha bien lo que te voy a decir, «Cobra»–, te-co-bra por hacer de «canguro» y tú,
«Yeti» de las nieves, vas a soltar más dinero que copos hay en una nevada. ¿Te ha quedado clarito?
Y otra cosita te diré, cuando llegues allí arriba, rézale a tu Dios o al Buda Gautama para que esté <des-pe-ja-di-to>, porque, de lo contrario, no vas a ver nada más que nubes, que son exactamente las mismas que ves cuando vas en el avión.

Capítulo 27
Pero debido a su rancio abolengo –o por metamorfosis de la vida–, y como si de una dinastía real se tratese, M.ª de las Nieves es quien certifica estas hazañas y proezas,
«la coronación de los 14 ochomiles».
Aunque, como ya sabéis, a M.ª de las Nieves no le importa nada todo esto. Y sigue sin entender a qué viene tanto sacrificio para subir una montaña si luego la tienes que volver a bajar.
Como veis, argumentos tuvo M.ª de las Nieves para convencer a su familia para que la apoyaran en su decisión de ser I.N.V.E.S.T.I.G.A.D.O.R.A, así se lo comunicó y así se lo dijo a su familia, con todas las letras.
Y mis queridos niños/as, M.ª de las Nieves es muy buena investigando. Excelentemente buena.
Es licenciada cum laude en Biología molecular, Química, Botánica y Genética.
Su tesis trata sobre la regeneración y aplicación de las células madre de la leche materna, que pueden convertirse en otros tipos de células del cuerpo, como células óseas, hepáticas o cerebrales. Actualmente está trabajando en el Banc de
Sang i Teixits (banco de sangre y tejidos). Concretamente, en la Unidad de Terapia Celular y Medicina Regenerativa responsable del procesamiento y almacenamiento de tejidos humanos para futuros trasplantes. Es la jefa del laboratorio de Biología molecular.
Y entre investigaciones, laboratorios, ponencias y congresos, iba transcurriendo su plácida vida..., hasta que un día apareció en ella Supermario.

Capítulo 28
La dirección del centro contrata a Supermario para ampliar el laboratorio de M.ª de las Nieves.Y hasta aquí todo normal.
Pero como investigadora que es, M.ª de las Nieves se fijó en que Supermario tenía una leve cojera y constantemente se llevaba la mano a su rodilla izquierda.
Un día en que los dos coincidieron desayunando en la cafetería del centro médico, M.ª de las Nieves se acercó y le preguntó qué le pasaba en la rodilla.
–Hace tiempo se me escapó una broca de martillo del 22 y se me incrustó en la rodilla, y desde esa vez me duele siempre.
–¿Me la dejas ver? –le preguntó M.ª de las Nieves. Levantó el pantalón y ¡por Dios Santo!–. Esta herida está muy mal y muy infectada, pediré a un auxiliar que te lleve a mi consulta para observarla mejor.
Y allí estaba Supermario mientras M.ª de las Nieves observaba la herida poniendo caras muy pero que muy raras.
–Tienes una gran herida y además la tienes gangrenada. Esto pinta muy mal, amigo –le soltó M.ª de las Nieves a Supermario sin más delicadezas–. Si quieres y me dejas yo te puedo curar, pero con mis propios métodos, extraños métodos, pero te curaré esa asquerosa y putrefacta herida.
Y por una milésima de segundo se miraron, con una mirada de lealtad y confianza absoluta entre dos desconocidos.
–No te preocupes, yo cuidaré de ti –le dijo M.ª de las Nieves a Supermario.
Estas palabritas a Supermario le llegaron a su corazoncito; nunca nadie antes se las había dicho y una furtiva lágrima se deslizó por su mejilla. M.ª de las Nieves que la vio se creyó que le estaba causando dolor y a partir de ese momento fue todo lo delicada y escrupulosa que suele ser una mujer enamorada cuidando de su amado.
Y durante un cálido y tierno silencio M.ª de las Nieves abrió la herida y le puso gusanos carnívoros dentro de ella para que devoraran todo el tejido necrosado.
Entre tanto, en su laboratorio estaba «haciendo una telilla de células madre del prepucio de su sobrino recién nacido para injertarlas en la rodilla de Supermario, una vez extraídos los gusanos de la herida.
Eso sí, ¡el rollo que le metió a su hermano mientras le miraba fijamente a los ojos, refiriéndose a su hijo varón recién nacido, sobre las futuras cualidades del pene de su hijo, de las cuales él no podrá disfrutar porque no está circundado, tiene su mérito!
Suerte que la mamá del niño estaba profundamente dormida a causa de la anestesia de la cesárea y no escuchó nada de lo que decía.

Capítulo 29
Supermario se recuperó magníficamente bien y de vez en cuando iba a sus revisiones, y otras veces volvía.
Total que, en una de estas idas y venidas, Supermario se enamoraba para fuera y M.ª de las Nieves se enamoraba para dentro, misterios de la vida, pero se enamoraron ciegamente.
A Supermario le costó entender que aquel edificio donde trabajaba M.ª de las Nieves, el banco de tejidos y sangre,
nada tenía que ver ni con Caixabank ni con Inditex, y que cuando le hablaba del plasma no se refería a una tele.
Así que un día le dijo Supermario a M.ª de las Nieves:
–¿Qué te parece si cuando estemos juntos no hablamos del trabajo, ya sabes, para separar trabajo y familia?
–¿Familia? –se sorprendió M.ª de las Nieves.
–Bueno, no ahora, pero algún día tú y yo juntos formaremos una familia, ¿no?
–¿Y tú que me ofreces? –le preguntó súbitamente M.ª de las Nieves a Supermario.
Supermario no se lo pensó dos veces, miró al cielo y vio que lucía una supermegaluna llena.Apoyó la rodilla curada en el suelo, abrió los brazos y con un chorro de voz cual mismísimo Pavarotti cantó:
–¡¡¡Que todas las noches sean noches de boda!!. ¡¡Que todas las lunas sean lunas de miel.!!
M.ª de las Nieves se quedó tan petrificada, tan sumamente impresionada, que jamás hubiese imaginado que aquel hombretón que tenía delante de ella fuese tan tiernamente romántico.
Pero tan impresionada quedó que ella ferviente no creyente se fue el día 25 de diciembre –navidad– a la catedral a darle las gracias a Cupido y a encenderle una velita. Esperaba verlo con su arco y sus flechas y no rodeado de una burra, una vaca, su padre, su madre... Bueno, el caso es que allí estaba aquel adorable y bendito niño a quien adoró y agradeció eternamente que Supermario se enamorara de ella, y como muestra de su agradecimiento le prometió que investigaría solo para beneficio de la humanidad.Mientras se iba vio cómo una pareja de ancianos se acercaba a ver a «Cupido» y les sonrió con complicidad.
M.ª Nieves se dedicaba en cuerpo y alma a su profesión.
Un día, viendo a Supermario pintar una silla con un spray, tuvo la genial idea de cultivar células regenerativas de la piel, meterlas en un spray y rociar a una bombero que tenía el ochenta por ciento del cuerpo quemado para que su piel se regenerase; y fue todo un éxito. Tanto es así que varias veces fue propuesta para el Premio Nobel de Química.

Capítulo 30
Pero ¿qué tiene de especial Supermario para que M.ª de las Nieves cayera rendida a sus pies?
Supermario es un tipo entre ingenuo, espabilado, bonachón y detallista.
Es un arquitecto/ingeniero/constructor, y actualmente tiene entre manos la «Obra» de Barcelona.
Es una obra heredada. La empezó Gaudí en 1883 y cinco generaciones después todavía no la han terminado.
Su antepasado, el gran arquitecto Domènec Sugrañes le había prometido a Gaudí que como él no tenía familia que no se preocupara, que le daba su palabra de su familia actual y la que estaba por venir y terminaría su obra, que se podía morir tranquilo. Y así la obra fue pasando de generación en generación hasta llegar a la actualidad.
Casi lo consigue su padre pero lo único que se le terminó fue el presupuesto y ahora Supermario está ultimando unos detalles de nada..., subir cuatro torres en plan velas derretidas unos 172,50 metros de altura, cincelar el Padre Nuestro letra a letra por toda la fachada. Como os dije, nada que en unos 20 o 30 años no se pueda terminar. Y, en caso contrario, le tocará a Ainhoa terminarla.
Supermario es muy respetado en su ámbito profesional.
Amantísimo esposo y padre responsable. No se le conocen enemigos. Bueno, una vez tuvo un enemigo que de la hostia que le dio lo envió a criar malvas. Y os digo desde ya que ni es jardinero ni vende flores.
En ese preciso momento se acabaron todos sus enemigos presentes y futuros. A golpe de mano abierta Supermario se convirtió en un tipo guay, por las buenas o por las malas, pero se convirtió en un tipo guay.
Gracias a este método, un poco rudimentario quizás pero efectivo, ya tiene más de un millón de amigos.
Ya os dije que Supermario es un gran profesional y también es muy responsable.
Por eso siempre lleva puesto el cinturón, con todas sus herramientas a la cintura en plan cawboy, su chaleco salvavidas y su casco.Sí, sí, lleva y hace llevar a sus obreros un chaleco sal-va-vi-das porque está completamente convencido de que así nada grave les puede pasar, ni a él ni a ninguno de sus trabajadores; y si les pasaba no corrían peligro alguno sus respectivas vidas, llevaban un chaleco salvavidas y punto.
Una vez alguien trató de explicárselo. Que en una obra lo más lógico y legal era llevar casco y un chaleco reflectante pero no salvavidas.
–¿Cómo iba a ser mejor un casco que un chaleco sal-va-vi-das? Si incluso en los aviones en vez de llevar paracaídas llevan chaleco salvavidas, será por algo. ¿O tú te crees que el piloto es tonto? –le dijo sorprendido Supermario al tipo con la mano abierta.
Tema zanjado.

Capítulo 31
Supermario también tiene su punto romántico y detallista, como ya os he dicho antes.
Un día agarró dos bobinas de madera, empezó a lijarlas, a pulirlas una y otra vez, a darles una capa de imprimación y barnizarlas. Secada la pintura decidió limpiarlas suavemente para darles brillo y unas robustas y majestuosas vetas afloraron a la superficie de la madera sonriéndole. Daba la impresión de que aquellas desechables y austeras bobinas de madera le mostraban su agradecimiento por haberlas convertido en unas mesas tan elegantes.
Aprovechó su hueco para plantar en cada una de ellas un pequeño arbusto.
En una plantó el «galán de noche». Es un pequeño arbusto cuyas flores se abren al anochecer destilando la mejor de las fragancias que hayáis podido oler. Y en la otra plantó un jazmín de Madagascar; sus flores son muy blancas y aromáticas. Así fue como Supermario consiguió que su casa oliera siempre a eterna primavera.

Capítulo 32
Y un día llegó Ainhoa, y no lo hizo sola.
Un domingo, a las 6 de la mañana.
–Riiiiinnnn.
–¿Quién diablos puede ser a esta hora? –se preguntaba Supermario, mientras iba hacia la puerta.
Al abrirla:
–Hola, yo soy, Ainhoa, y ella es Clara, vuestras hijas.
Allí estaban dos lindas niñas cogiditas de la mano.
Supermario no salía de su asombro por la grata sorpresa que le había deparado el destino.
–Cariñoooooo, tenemos dos hijas.
–¿Cómo dos hijas? Si nosotros solo necesitamos una.
–Hola, yo soy Ainhoa, y ella es Clara.
–¿Por qué lleva orejeras si estamos en pleno verano? –preguntó M.ª de las Nieves.
–No son orejeras, son cascos auriculares; ella siempre escucha música para evadirse de la cruda realidad –dijo Ainhoa.
–Pues sí que empieza pronto. ¿Y tú de mayor qué quieres ser? –le preguntó M.ª de las Nieves a Clara.
Clara la miró intensamente y solo dijo:
–Mihjaooo.
–Quiere ser ayudanta de explorador –contestó Ainhoa por Clara–. Le encanta la música coreana, el sushi y come con palillos. Es muy muy inteligente en todo. Su mejor amiga es ella misma y después yo –terminó Ainhoa.
Supermario y M.ª de las Nieves no salían de su asombro mientras miraban fijamente a Clara, y ella ni se inmutaba, seguía viendo sus vídeos y escuchando su música coreana.
–Yo soy Ainhoa, y de mayor quiero ser sirenita, por eso llevo el pelo tan brillante y engominado. Camino así, mira, con los pies muy juntitos, visto siempre de azul marino, como de todo, soy un poquito menos inteligente que Clara, pero, eso sí, hablo con todo el mundo y sé utilizar los cubiertos.
Y sin mediar palabra Supermario cogió de la manita a Clara:
–Buenos días, señorita Mary Carmen, mira, te presento a
Clara, tu hija. Tu única y exclusiva hija trae música incorporada de serie. Nos vemos lueguito. Ah, una cosita más, de mayor quiere ser ayudanta de exploradora, le gusta mucho el sushi, come con palillos y es muy muy inteligente.
–Hola, Clarita –le dijo cariñosamente la señorita Mary Carmen.
–Mihjaoo –contestó Clara.
–¿Ha dicho miau?
Entre tanto, la señorita Mary Carmen miraba a Clara un tanto extrañada. ¿Una niña con orejeras de serie, que come con palillos y que solo sabe decir: «Mihjaooo»? ¿Seguro que esta era su hija y no era la hija de los chinos que habían abierto un restaurante de sushi a la vuelta de la esquina?
Lo de ayudante de exploradora ya no le encajaba tanto.

Capítulo 34
Supermario tenía alma de bombero, es decir, le gusta auxiliar a propios y ajenos sin que se lo pidan.
Y un día oyó gritar a una mujer en el piso de abajo, era un extraño grito. Se quedó escuchándolo afinando bien su oído y volvió a oír un ¡aaaaaaaaaaaaaahhhhhh!
Llamó desesperadamente al timbre, y como no le abría nadie, cogió su sierra radial y serró la puerta, y de una patada la echó abajo.
–Pero ¿qué hace? ¿Qué he hecho? –preguntaba horrorizado el vecino. Y antes de que pudiera seguir.
–¿Qué estabas haciendo? –le preguntó Supermario–. ¿Por qué grita esa mujer?
Mientras hablaba, Supermario lo sujetaba con una mano por el cuello, levantándolo ligeramente del suelo, y con la otra bien abierta le iba desplazando hacia atrás para tomar impulso; de repente, el tipo se fue patas abajo.
–Todavía no te he dado y ya te has cagado...; mierda de hombres que hay hoy en día –dijo Supermario.
Dio media vuelta y se fue a su casa a preparar la comida.
En estas estaba cuando llega María de las Nieves:
–¿Has visto lo que le ha pasado al vecino? Le han reventado la puerta con una motosierra ¡y con él dentro! Del susto que le dieron se cagó en cima. Allí estaban los bomberos, la policía, la ambulancia, y el tipo histérico, porque nadie creía su versión de los hechos. ¿A quién se le ocurriría semejante barbaridad?
–Era una radial, el vecino es un exagerado.
–¿Qué? –dijo atónita María de las Nieves–. ¿Tú tienes algo que ver en todo esto?
–Escuché una mujer gritar y fui a salvarla.
–Pero ¿tú? ¡Era la Callas cantando La Traviata! ¡Es ópera!
–Había una mujer gritando y la fui a salvar. Punto.
–Suerte tienes que nadie le cree. Se lo han llevado con camisa de fuerza al frenopático de tan histérico que estaba; se fue gritando que había sido Supermario quien le reventó la puerta.
–¿Ves cómo tengo yo razón? ¿Quién le va a creer? Si Supermario es un monigote de juegos de la play.

Capítulo 35
Supermario se va de vacaciones
Todo transcurría felizmente en la vida de Supermario -
sigue en Supermario ya tiene quien le escriba ende, en la de su familia.
Hasta que un día...
«O nos vamos de vacaciones o me separo».
Este era el primero, el único y el último ultimátum que la linda esposa de Supermario le había puesto encima de la mesa y por escrito.
Y no era una notita cualquiera ni un pósit comprado en los chinos. No, no, no, nada de eso. Era un dina-4 de
estucado glossy, que es un tipo de papel que tiene menos poros y un tacto satinado de gran calidad, con revestimiento brillo o mate y por supuestísimo de color blanco nuclear.
Para según qué cosas, la linda esposa de Supermario era muy práctica, muy precisa, muy insistente y un poco tiquismiquis, pero solo y únicamente para sus cosas, las del resto le daba todo igual.
Le dejó notas por toda la casa, en la puerta de la nevera, en la mesa de la cocina, en la cafetera, en el espejo del cuarto de
baño, en el cuenco de las llaves, en la furgoneta, perdón, en la oficina móvil de Supermario.
«O nos vamos de vacaciones o me separo».
–Papá, creo que mamá quiere irse de vacaciones –le dijo Ainhoa a Supermario.
–¿Ah, sí? ¿Y tú cómo lo sabes?
–¿Por la cantidad de notas que hay pegadas por toda la casa? –le dijo Ainhoa arqueando las cejas.
–Yo había pensado que, una vez terminada la obra...
–¿La obra, tu obra, dices? Papá, si faltan 20 años para que la termines, ¡estás construyendo la Sagrada Familia! ¡La Sagrada familia! –repitió Ainhoa toda sorprendida y a la vez contundente.
Supermario salió muy preocupado de su casa. Su amantísima esposa quería unas vacaciones...
En estas cavilaciones estaba mientras en la radio sonaba «Carreteras infinitas».
«Hoy quiero cantar y que mi voz reúna toda la hermandad...».
«Tengo una chica y una pistola, un crucero de placer.
Con mis nuevos superpoderes...».
Y al terminar esta estrofa Supermario se vino arriba, miró la foto de sus chicas en el salpicadero.
–Papá, no corras –tocó la pistola de la silicona y frenó en seco.
–Eso es, hagamos un crucero de placer todos juntos, serán unas fantásticas vacaciones –pensó Supermario.
Además, hacía tiempo que M.ª de las Nieves soñaba durmiendo y despierta. ¡Qué digo soñaba! ¡De-li-ra-ba con hacer un lindo crucero! Ya se veía echadita en una fantástica y maravillosa tumbona en la piscina del barco, mientras degustaba un daiquiri o una deliciosa caipiriña. Disfrutando del inmenso y cálido mar Mediterráneo y viendo esos majestuosos atardeceres en Cabo Sunion, en Grecia, y los espectaculares amaneceres de Estambul, con los cambios de colores del cielo convergiendo en un solo rayo de sol, Oriente y Occidente.....
–Ehhh. Alto ahí, «voz en off».
–¿Qué pasa, M.ª de las Nieves?
–Cambio de colores en el cielo, encrucijada de culturas, bla, bla, bla, y hasta el arcoíris si te apetece, caipiriñas y el bar entero si me apuras. Atardeceres todos cuantos quieras y más. Pero ¿amaneceres? ¿¡A-ma-ne-ce-res!? Ya lo puedes ir borrando de esa lista tan cursi y empalagosa que has escrito anteriormente. ¿Qué tienes, un diccionario de sinónimos frikis, o es que tú ¿eres así de normal?
–¿Amaneceres? ¿En vacaciones? Ya te garantizo yo que eso sí que no lo voy a hacer.
–¿Ah, no? Pero si hay unos maravillosos amaneceres en todo el Mediterráneo, que casi parecen auroras boreales.
–¿Ah, sí? ¿Los hay? ¿Sí? Pues me los grabas y después los veo.
–Pero no es lo mismo, M.ª de las Nieves.
–A ver, Dios de las alturas, cómo te lo explico yo sin herir tu sensibilidad friki–. ¡¡Yo no madrugo ni para ir a trabajar!!. No he visto un solo amanecer en mi vida y no pienso romper esta tradición. Levantarse para ver amaneceres y subir montañitas para mí tiene la misma incongruencia.
–Pero sacarías unas fotos...
–Que me los grabes y no me ralles más. Corta con este tema y sigue con tu relato que lo estás haciendo muy bien,
«voz en off».
–¡Vale, vale! Borrado amaneceres de la lista. Pero ¿qué pasa aquí? Primero la editora y ahora M.ª de las Nieves, se me están amotinado los personajes. A ver, ¿por dónde iba?
–Ibas por Supermario entra a contratar un crucero.
–Ah, sí, ya me acuerdo, gracias.
–Buenos días, señor, ¿en qué puedo servirle? –le preguntó el agente de viajes a Supermario.
–Vengo a contratar un crucero –dijo Supermario.
–¿Cuántos billetes serán? –le preguntó el agente.
–¿Billetes? Un crucero –le dijo Supermario mientras señalaba una maqueta de un cru-ce-ro.
De repente vio un folleto con una foto de un navío con las siglas M.C.
Supermario pensó que significaba «Maravilloso Crucero». Pero lo que en realidad significaba era «Mierda de Crucero».
La travesía consistía en salir del puerto de Barcelona, ir hasta las islas Pitiusas –concretamente a Espalmador– y volver a puerto. Total 278 km, con una parada técnica en Castellón de la Plana. Un crucero de placer a tope.
Hechos todos los trámites salió de la agencia con su M.C. superorgullosísimo. Mientras, al tipo de la agencia sus compañeros de trabajo le aplicaban un desfibrilador para evitarle un para cardiaco.

Capítulo 36
Bueno, pues ya estamos en el "M.C". crucero.
–Pero la señorita Mary Carmen ¿también viene? –le preguntó M.ª de las Nieves a Supermario.
–Pues claro, ya sabes que las niñas son inseparables.
–Pero ¿qué hace ella aquí? ¿Y con sus plantas? –volvió a preguntar M.ª de las Nieves.
–Ah, sí, bueno –balbuceó Supermario–, es Mila, no la iba a dejar sola, ya sabes que es huerfanita de nacimiento.
–Pero ¿por qué te traes las plantas, Mila?
–Por lo de la fotosíntesis. Si cierro, se quedan sin luz y se mueren al no tener luz solar. Te explico.
–Ya sé lo que es la fotosíntesis. Soy bióloga.
–¿Cómo Ana Obregón?
–¿De qué estáis hablando, chicas? –preguntó la señorita Mary Carmen.
–De la fotosíntesis de las plantas –le espetó M.ª de las Nieves.
–Había escuchado conversaciones raras y extrañas pero ¿hablar de la fotosíntesis de las plantas? ¿En un crucero de placer? En las vacaciones se habla del sol, la comida, las excursiones, los lugares que iremos a visitar..., pero ¿de la fotosíntesis de las plantas?
Y así se quedó todo, cada cual se fue a su camarote para verse en la piscina.

Capítulo 37
Supermario siempre iba con el cinturón de las herramientas puesto, incluso en la piscina.
–¿Qué haces, papá, en bañador y con el cinturón de las herramientas puesto? Por lo menos podías quitarte esa camiseta blanca.
–¿Camiseta? Esto es mi piel.
–¿Qué haces con el cinturón puesto? Y por favor, quítate esa camiseta blanca, que me hace daño en los ojos –le dijo M.ª de las Nieves–, aprovecha para que te dé un poquito el solecito.
–No es una¡¡¡¡camisetaaaaaa, es mi piel.!!
Supermario tenía moreno Rafa Nadal, cara, brazos y piernas churruscadas del sol y el torso de color blanco nuclear.
–Una cosa que te iba yo a preguntar –le dijo M.ª de las Nieves mientras estaban tumbaditos al sol–. ¿Cuántos obreros has dejado en la obra?
–Uno –le dijo Supermario.
–¿Uno? ¿Solo uno? La obra es la Sagrada Familia, ¿y tú has dejado solo uno? ¿A quién has dejado, a Superman?
–¿Qué tal, chicas, os gusta mi bañador? Es el mismo que cuando tenía veinte añitos –decía la señorita Mary Carmen con un hilito de voz mientras pasaba sinuosamente sus manos por sus caderazas.
Todos se quedaron mirándola atónitos.
–Haz algo, Supermario.
–Pero ¿qué hago?
–Algo. ¿No ves que ya está cambiando a color morado? Haz algo y¡¡¡ hazlo ya!!!
Cogió el cúter y por la altura del pecho sesgó la tela del bañador y un poquito más allá, y todo en la señorita Mary Carmen se soltó, incluido un implante de silicona de una de sus tetas.
Todos se miraron muy muy sorprendidos.
–Si quieres, yo tengo una pistola de silicona térmica, a lo mejor...
–¿Y si nos vamos a cambiar para la cena con el capitán? –dijo M.ª de las Nieves para salir de esta situación tan embarazosa.

Capítulo 38
Y de repente, se oye por megafonía:
–Soy el capitán del barco y les quiero dar la bienvenida y agradecerles que nos hayan elegido para este encantador viaje. Si lo desean, les invito a visitar la cabina para que disfruten y vean cómo se pilota este magnífico barco, que lleva por nombre Costa Concordia. Gracias de nuevo por elegirnos para su crucero de placer.
Allí estaban todos elegantemente bien vestidos mientras escuchaban atentamente las instrucciones del capitán.
–Popa es la delantera del barco y proa es la parte de atrás del barco; estribor hacia la derecha y babor hacia la izquierda. Estas son las nociones más básicas e importante para poder pilotar un barco y mantener el rumbo.
»Esto es el timón, que funciona como si fuese el volante del coche. No toquen nada que voy a izar el ancla, lo que vendría a ser el freno de mano del barco.
Todos estaban en la cabina mirando por aquí, mirando por allá; estaban todos excepto el capitán y Clara.
–¿Esto cómo se encenderá? –dijo Supermario–. ¿A ver? ¿Dónde está la llave de contacto de este trasto?
Yo no entiendo mucho de esto –dijo la señorita Mary Carmen–, pero mi lexus tiene un botón rojo igual que este que cuando lo toco se abre el capó...
Y antes de que terminara la frase el barco salió disparadoo como una baaaalaaaa.
–Frénalo, papá, frena esto de una vez o nos estrellamos –gritaba y chillaba Ainhoa.
–Frena, papá..., pero... ¿qué haces en el suelo?
–Buscando el pedal del freno, pero aquí no hay ninguno.
El barco iba derecho contra el gran muro que hace de rompeolas.
–Pero frénalo yaaaa.
–A ver esta palanquita para qué sirve, ¿y si la muevo hacia atrás? –dijo la señorita Mary Carmen–. Pues ahora sí que ya saben para qué sirve.
El barco se frenó en seco, tan en seco como cuando frenas con la rueda de delante de la bicicleta y se levanta la rueda de atrás. Pues lo mismo, pero en barco.
El barco literalmente se quedó en vertical y todos se quedaron pegaditos como cromos al cristal de la cabina; todo se deslizó hacia la punta del barco, mesas, sillas, el agua de la piscina.
–Que alguien haga algo normal y ponga el barco en horizontal..., suelta la palanquita, señorita Mary Carmen.
Fue soltar la palanquita y desplomarse el barco en el agua de nuevo, y todos al suelo; otra vez las mesas y las sillas corriendo en dirección contraria, porque todo lo que va viene y lo que viene se va, incluida Clara.
–¿Alguien tiene una biodramina? Creo que me estoy mareando –dijo Clara.
–¡Clarita! ¡Si tienes orejas de verdad! –dijo emocionada la señorita Mary Carmen. Con el vaivén del barco, Clara, había perdido los cascos.
–¿Tenéis o no una biodramina? –volvió a insistir Clara.
–¿Se puede saber que os pasa a todos, tenéis cara de zombis?... Otra cosa, mamá, este barco es un caos, mira las mesas, las sillas, todo está por el suelo. ¿A qué estabais jugando? ¿A la fiesta del pijama o a la de la espuma?
Una vez pasado el susto todos salieron a cubierta, a vomitar primero y a disfrutar de la brisa marina después.

Capítulo 39
-¿Qué te pasa, «voz en off»? ¿No cuentas nada, ya se terminó la historia? «Voz en off», estamos aquí.
–Mirad.
–Hacia dónde «voz en off».
–Hacia allí, hacia el oeste.
María de las Nieves, Clara, Ainhoa, la señorita Mary Carmen. Estaban todas apoyadas en la barandilla del barco con los ojos a lo oriental mientras oteaban el horizonte.
–¿La veis?
–Solo vemos mar y cielo –contestaron todas a coro.
–Si os fijáis bien, la veréis.
Cada día, sobre esta hora, se asoma a la ventana una linda mujercita toda vestidita de verde pistacho.
–Pues no vemos a nadie.
–¿Qué estáis mirando? –acaba de llegar Supermario a la escena.
–La «voz en off», que dice que si nos fijamos veremos una linda mujercita asomada a una ventana vestidita de verde pistacho.
–Una cosa, «voz en off» –le dijo la señorita Mary Carmen–, ¿tú la ves?
–Pues claro que la veo, cada día, sobre esta hora, se asoma por esa linda ventana. Quizás hoy no alcance a verla pero puedo admirar su belleza.
–¿Se puede saber qué haces con esos prismáticos mirando al cielo, Supermario?
–Dijo que era verde, pues entonces será una marciana.
–¿«Voz en off»?
–Dime, señorita Mary Carmen.
–¿Cómo es que tú la puedes ver y nosotros no?
–Porque yo la veo con los ojos del corazón.
Se quedaron todos perplejos, se giraron hacia donde salía la voz y todos a coro le dijeron:
–Tú lo que estás es enamorada.
–Y tú deja ya los prismáticos y de mirar al cielo, que ya te dije que no era una marciana. Tú eres tonto. Si no hay marcianos cómo va a haber marcianas. Sácate de una vez esa maldita camiseta blanca, pues sí que le has cogido cariño, ni que fueras del Real Madrid.
–Pero, M.ª de las Nieves, ¡no me desacredites delante de las niñas! ¡No es una camiseta!¡¡ Es mi piel.!!
–¡Eh, tú!, ¡sí, tú, «voz en off»!, cuando termines la contemplación de tu linda «marcianita» nos avisas y continuamos.
–Con los ojos del corazón dice. Tú ya sabes que el amor es ciego, pero el vecino no .Ya decía yo que tan en alta mar era imposible ver nada.
–¿Y ahora qué hacemos, mamá? –dijo Ainhoa.
–Pues esperar, Ainhoa, esperar a que se ponga el sol o se caiga de sueño de tanta contemplación.
Y se fueron todos a la piscina a esperar.
La única que se quedó mirando al infinito fue Mila.
Con unos ojos desmesuradamente abiertos, contemplaba la mar mientras se imaginaba su futuro, sabedora de que podía dejarle un vacío en el alma más torturante que el anterior.

Capítulo final
-Jordi, Jordi, ¿qué te pasa? Despierta –le decía Neus a su marido mientras le iba dando palmaditas en la cara–. Vamos, despierta...
–¿Qué? ¿Qué pasa, dónde estamos?
–En casa, ¿dónde vamos a estar? Creo que tenías una pesadilla –le dijo Neus a Jordi.
–Entonces, ¿todo ha sido un sueño? –dijo Jordi.
–Sí, todo ha sido un sueño, salvo algunas cositas, y lo segundo..., ya tal... –dijo Neus mientras agitaba unos billetes en la mano–. ¡He pensado que este año nos vamos de crucerito! ¿Qué os parece?
–No, de crucero nooooooo –dijo Jordi mientras salía corriendo hacia ninguna parte.
Y colorín colorado.


Epílogo
-Lolaaa, Lolita, he terminado el relatoooo, ¡yujuuu! ¿Dónde estás? Lola, ¿que me escuchas? ¿Hay alguien ahí?
Lola, mujer no te vayas así, que yo solo tengo ojos para ti, que lo de la marcianita era una licencia literaria.
Si tú y yo tenemos futuro, segurísimo, que lo mejor está por llegar.
–Bye, bye, y hasta otro ratito, «voz en off». Aaaaaaadeu.

              FIN:
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